Borges o García Márquez
por hector aguilar camin
Dice un lugar común que se nace aristotélico o platónico. En materia de novela, dice George Steiner, hay Tolstoi o Dostojewski, más que dos autores, dos modos esenciales de escribir novela, a la vez una oposición y un complemento.
Podría decirse que los autores de ficción de lengua española de los últimos años escriben bajo las órbitas alternas y complementarias de Jorge Luis Borges y Gabriel García Márquez. Se es borgiano o garciamarquiano o una combinación de ambos.
El escritor chileno José Donoso decía: serás inmortal cuando tu apellido nombre algo característico, inconfundible. Alguien debe poder decir con el entendimiento de todos: esto es kafkiano, esto es freudiano, esto es rulfiano. Antes, desde luego, esto es homérico, esto es shakesperiano, esto cervantino, esto balzaciano. A diferencia de Borges, García Márquez no tiene aún el adjetivo que caracteriza su mundo inconfundible (en realidad tiene demasiados: macondiano, realistamágico, garciamarquiano).
Pero ambos son los polos de gravitación, los estilos opuestos y complementarios que cubren con sus sombras largas las letras hispanoamericanas de hoy.
Un argentino cosmopolita, al que le costó años salir de su provincia y ganar el reconocimiento fuera de su país y de su idioma. Un colombiano pueblerino que salió como nadie a establecerse en el mundo y ser traducido a todas las lenguas. Un escritor para escritores, refinado y secreto. Un escritor para lectores, legendariamente popular.
Borges: el prestigio de un autor para iniciados que acaba conquistando a los grandes públicos. García Márquez: la popularidad de un autor de los muchos lectores que goza del reconocimiento de sus pares. Uno de derechas, otro de izquierdas. Un fenómeno de los cenáculos, un fenómeno del mercado.
Ningún escritor iberoamericano en su sano juicio ha querido parecerse a Borges o a García Márquez. Pero conforme pasan los años, nadie puede dejar de parecérseles, como nadie puede dejar de parecerse a las palabras y los inventos de su tiempo. Ser borgiano o garciamarquiano ya no es una debilidad del propio estilo, sino una forma de estar en el idioma que ellos reinventaron, y ahora es nuestro.
Dijo Steiner de Tolstoi y Dostojewski: “Tuvieron el poder de construir a través del lenguaje ‘realidades’ sensibles y concretas, pero impregnadas del misterio y la vida del espíritu”. De esta materia tangible y sobrenatural están hechas las ficciones de Borges y García Márquez. No son sólo parte de nuestra literatura, sino de nuestra vida.
Dice un lugar común que se nace aristotélico o platónico. En materia de novela, dice George Steiner, hay Tolstoi o Dostojewski, más que dos autores, dos modos esenciales de escribir novela, a la vez una oposición y un complemento.
Podría decirse que los autores de ficción de lengua española de los últimos años escriben bajo las órbitas alternas y complementarias de Jorge Luis Borges y Gabriel García Márquez. Se es borgiano o garciamarquiano o una combinación de ambos.
El escritor chileno José Donoso decía: serás inmortal cuando tu apellido nombre algo característico, inconfundible. Alguien debe poder decir con el entendimiento de todos: esto es kafkiano, esto es freudiano, esto es rulfiano. Antes, desde luego, esto es homérico, esto es shakesperiano, esto cervantino, esto balzaciano. A diferencia de Borges, García Márquez no tiene aún el adjetivo que caracteriza su mundo inconfundible (en realidad tiene demasiados: macondiano, realistamágico, garciamarquiano).
Pero ambos son los polos de gravitación, los estilos opuestos y complementarios que cubren con sus sombras largas las letras hispanoamericanas de hoy.
Un argentino cosmopolita, al que le costó años salir de su provincia y ganar el reconocimiento fuera de su país y de su idioma. Un colombiano pueblerino que salió como nadie a establecerse en el mundo y ser traducido a todas las lenguas. Un escritor para escritores, refinado y secreto. Un escritor para lectores, legendariamente popular.
Borges: el prestigio de un autor para iniciados que acaba conquistando a los grandes públicos. García Márquez: la popularidad de un autor de los muchos lectores que goza del reconocimiento de sus pares. Uno de derechas, otro de izquierdas. Un fenómeno de los cenáculos, un fenómeno del mercado.
Ningún escritor iberoamericano en su sano juicio ha querido parecerse a Borges o a García Márquez. Pero conforme pasan los años, nadie puede dejar de parecérseles, como nadie puede dejar de parecerse a las palabras y los inventos de su tiempo. Ser borgiano o garciamarquiano ya no es una debilidad del propio estilo, sino una forma de estar en el idioma que ellos reinventaron, y ahora es nuestro.
Dijo Steiner de Tolstoi y Dostojewski: “Tuvieron el poder de construir a través del lenguaje ‘realidades’ sensibles y concretas, pero impregnadas del misterio y la vida del espíritu”. De esta materia tangible y sobrenatural están hechas las ficciones de Borges y García Márquez. No son sólo parte de nuestra literatura, sino de nuestra vida.
Dice un lugar común que se nace aristotélico o platónico. En materia de novela, dice George Steiner, hay Tolstoi o Dostojewski, más que dos autores, dos modos esenciales de escribir novela, a la vez una oposición y un complemento.
Podría decirse que los autores de ficción de lengua española de los últimos años escriben bajo las órbitas alternas y complementarias de Jorge Luis Borges y Gabriel García Márquez. Se es borgiano o garciamarquiano o una combinación de ambos.
El escritor chileno José Donoso decía: serás inmortal cuando tu apellido nombre algo característico, inconfundible. Alguien debe poder decir con el entendimiento de todos: esto es kafkiano, esto es freudiano, esto es rulfiano. Antes, desde luego, esto es homérico, esto es shakesperiano, esto cervantino, esto balzaciano. A diferencia de Borges, García Márquez no tiene aún el adjetivo que caracteriza su mundo inconfundible (en realidad tiene demasiados: macondiano, realistamágico, garciamarquiano).
Pero ambos son los polos de gravitación, los estilos opuestos y complementarios que cubren con sus sombras largas las letras hispanoamericanas de hoy.
Un argentino cosmopolita, al que le costó años salir de su provincia y ganar el reconocimiento fuera de su país y de su idioma. Un colombiano pueblerino que salió como nadie a establecerse en el mundo y ser traducido a todas las lenguas. Un escritor para escritores, refinado y secreto. Un escritor para lectores, legendariamente popular.
Borges: el prestigio de un autor para iniciados que acaba conquistando a los grandes públicos. García Márquez: la popularidad de un autor de los muchos lectores que goza del reconocimiento de sus pares. Uno de derechas, otro de izquierdas. Un fenómeno de los cenáculos, un fenómeno del mercado.
Ningún escritor iberoamericano en su sano juicio ha querido parecerse a Borges o a García Márquez. Pero conforme pasan los años, nadie puede dejar de parecérseles, como nadie puede dejar de parecerse a las palabras y los inventos de su tiempo. Ser borgiano o garciamarquiano ya no es una debilidad del propio estilo, sino una forma de estar en el idioma que ellos reinventaron, y ahora es nuestro.
Dijo Steiner de Tolstoi y Dostojewski: “Tuvieron el poder de construir a través del lenguaje ‘realidades’ sensibles y concretas, pero impregnadas del misterio y la vida del espíritu”. De esta materia tangible y sobrenatural están hechas las ficciones de Borges y García Márquez. No son sólo parte de nuestra literatura, sino de nuestra vida.
